sábado 27 de octubre de 2007

Peones en un ajedrez

Generalmente, las obras que pretenden mostrar al espectador cómo es el interior del ser humano, no necesitan de grandes despliegues técnicos. Solamente exigen unos diálogos inteligentes e intimistas, y de unos actores que sepan transmitir con una mirada, con un silencio o con un grito desgarrador, los sentimientos que todos hemos experimentado alguna vez en nuestras vidas. Lo esencial en este género es que el público se estremezca y sea impulsado a pensar en sus propias pasiones y acciones. Todas estas características se dan en El Cebo.

La ambientación es la adecuada para mostrar el mundo solitario y triste en el que viven los protagonistas. En el escenario se aprecia un espacio austero, con un fondo liso e iluminado solamente por unas linternas, que cumplen perfectamente su misión, ayudar a ilustrar el terror de los siete personajes. Pero, ¿miedo a qué?, ¿de quiénes huyen?, ¿a dónde se dirigen?. En los diálogos estas preguntas se dejan caer como pequeñas picaduras que llaman la atención del público y que no serán contestadas en la obra, sin embargo, a medida que avanza la función, el espectador se olvida de las respuestas sin resolver y se adentra en lo realmente importante, en las emociones: el miedo, las dudas, e incluso, a veces, la esperanza.
Gracias a una inteligente puesta en escena de los actores, el público puede conocer los pensamientos y las intenciones de los protagonistas, quienes se entrelazan en el escenario permitiendo que las ideas de los personajes evolucionen con la aportación de cada uno de ellos. De este modo los pensamientos negativos del más desconfiado calan en los del personaje más optimista, llevándolos a todos a un desenlace final desesperanzador, en el que para sobrevivir es necesario traicionar a los demás. “En el ajedrez a veces hay que sacrificar a un peón” sentencia uno de los personajes de la obra.


Ángel García Crespo, a través de uno de los actores, realiza un análisis profundo y perspicaz de cómo el individualismo de las personas puede acabar con todas ellas, mientras que permanecer unidos sería la solución; y hace una acertada comparación con nuestro mundo, con la hipocresía que reina en occidente respecto a la situación de los países más pobres; una indiferencia que nos convierte a todos en lobos.


1 comentarios:

Angel García Crespo dijo...

Hola, por casualidad me he encontrado con esta crítica de mi obra, mil gracias por ella, si me pasas tu dirección de correo pastal te mando un DVD